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sábado, 30 de marzo de 2013

Una semana más larga que sus días

Acuarela: Moshó Mahesh

La Semana Santa en el Perú 

Walther Maradiegue
Programa de Estudios Andinos
Pontificia Universidad Católica del Perú
 
La vida y la muerte son eventos que a todos los seres humanos nos llenan de incertidumbre, fascinación, intriga y constantes preguntas. La muerte, como fin de una etapa, siempre ha dado pie, en distintas sociedades, a la construcción de ficciones que intentan responder al misterio de qué hay después de la muerte. Y, más allá de si este escritor o usted, lector, sean creyentes en la doctrina católica o, en general, de la existencia de un Dios, es imposible negar la influencia que las tradiciones cristianas han tenido y tienen en nuestra vida y en la concepción que de la muerte tenemos.
La Semana Santa es, entonces, un acontecimiento de larga duración que modifica nuestro quehacer cotidiano y nos lleva a múltiples reflexiones acerca de lo que significa la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret, ocurrida hace alrededor dos mil años.
Estas mismas reflexiones llevaron a las sociedades andinas, recién colonizadas, a múltiples interpretaciones, reapropiaciones y adaptaciones de la doctrina española a su propia cosmopercepción de la vida y la muerte. Muchas de estas expresiones perduran hasta ahora, y ocultas por ciertas muestras de fervor y unidireccionalidad, sobreviven la polisemia y resistencia cultural, enmarcados dentro de repertorios visuales, discursivos y performativos que ahora despiertan el interés de investigadores propios y extranjeros.
Cuando nos referimos a una diversidad de signos y significados, probablemente una de las mejores expresiones que se nos viene a la mente son los rituales que los danzantes de tijeras realizan en Viernes Santo. Después de que Dios (Jesucristo) muere, el Diablo establece su gobierno en la Tierra. Entonces, durante toda la noche, los danzantes bailan en lugares sagrados, para intentar adquirir su poder. Al amanecer, todos se arrepienten; se arrodillan frente a la Cruz, mientras un danzante viejo les aplica tres latigazos: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Toda esta ceremonia nos hace recordar uno de los principios doctrinales sobre los que se basó el movimiento del Taki Onkoy, en el siglo XVI; si bien las huacas habían sido vencidas por el Dios cristiano a la llegada de Pizarro, algún día estas retornarían y vencerían a este Dios cristiano, para imponer un regreso al orden antiguo. De esta manera, podríamos conjeturar que cuando los danzantes se refieren al gobierno del Diablo sobre la tierra, no estamos hablando del Satanás mitológico de Occidente, sino de los dioses andinos, que a la llegada de los primeros evangelizadores fueron asociados inefablemente al Diablo. En esta ceremonia tenemos un ejemplo de resistencia cultural transformada, pero con visos de continuidad.
Óleo: Jaime Eufraín Flores
Sin embargo, en muchas otras poblaciones podemos presenciar expresiones en clave de celebración y reflexión de lo que se podría llamar “tradiciones religiosas”. Recuerdo la celebración de Semana Santa en la campiña de Moche, en la región La Libertad, que empieza el Viernes de Dolor (el viernes anterior al Domingo de Ramos) y termina el Domingo de Resurrección. Quizás uno de los momentos más conmovedores sea el encuentro de la imagen de Cristo, bajado de la cruz, con la Virgen Dolorosa, en una procesión que es casi un ritual; donde se rememoran los sufrimientos de Cristo y el dolor de una Madre, tras haber visto a su hijo muerto y clavado en una cruz.
Al ser este uno de los momentos más recurrentes en las celebraciones de la Semana Santa, nos habla de la importancia de la figura femenina en el imaginario andino, no como un sufrimiento pasivo, sino como un acompañamiento activo. Esta imagen tiene sustento en las características que se le dan a la “Mamita” o “Mamacha” María en las diferentes advocaciones en la región andina.
La Semana Santa es la principal conmemoración del catolicismo a nivel mundial; importancia que se ve reflejada también en el calendario ritual andino. Es nuestra tarea preservar la potencia simbólica de estas celebraciones, que hacen a la religiosidad andina única por sus características y significados; y de nosotros, testigos privilegiados de las tradiciones que nacieron siglos atrás, después del encuentro de dos grandes culturas.

El Taytacha
 



Valeria Tomaylla Morales

Las sirenas de los bomberos invaden el ambiente, mesclando su angustioso sonido con oraciones, peticiones y agradecimientos. La Plaza de Armas del Cusco se estremece ante la llegada de miles de personas, familias completas, que colman cada centímetro con fe y devoción, a la espera del Señor de los Temblores, más conocido como El Taitacha. La imagen existe desde hace ya sesenta y tres años, desde un 31 de mayo de 1950. Aquella tarde, un terremoto azotó la ciudad del Cusco, echando abajo casas y templos. Fue cuando la fe del pueblo —temeroso por la furia de la naturaleza— inundó las calles en busca del Cristo Moreno; imagen de rasgos descarnados y sobrecogedora apariencia, hecha especialmente para acercar la religión católica a los indígenas, copiando sus facciones, reflejando en su rostro grave y triste, el cansancio y sufrimiento de todo un pueblo. Entre rezos, llanto, desesperación y los escombros de una ciudad destruida, el Taytacha hizo su primer milagro: devolvió la esperanza y paz a un pueblo que lo había perdido todo, a un pueblo golpeado; todos se unieron para adorar y pedir amparo. En medio del polvo, la fe no diferenció entre señores y esclavos.
Es Lunes Santo, ninguna ocasión como esta: no hay otra festividad religiosa, otro santo que por sí solo acapare la atención de toda la ciudad. El Señor ha salido en procesión, las calles del Cusco se han vestido de fiesta; en las ventanas de las casas se colocan refinadas piezas de tapicería aterciopelada; se han armado en su honor maravillosas alfombras de flores y aserrín, con bellas alegorías de colores; a las familias más tradicionales se suman diversas instituciones y empresas, que arman hermosos altares, con mantos con refilo de oro preparados únicamente para ser usados en esta ocasión. Rezos y cánticos en quechua; incienso y la lluvia de ñukch’o (‘flor roja’), que es lanzada desde los señoriales balcones acompañan el paseo del  Señor de los Temblores.
Ya entrada la noche, un mar de fieles abarrota la Plaza Mayor, con la esperanza puesta en el ansiado encuentro con el Taytacha. Familias completas, desde niños pequeños en brazos hasta patriarcas y matriarcas, se arrodillan y, con los brazos en alto, elevan sus plegarias. El señor está pasando por la puerta de La Compañía, empiezan las sirenas y las campanas retumban, anunciando la tan esperada bendición; las familias se toman de las manos, solo quedan unos minutos. “El Señor de los Temblores está en la puerta de nuestra casa –le explica una madre a su pequeño hijo–, va a entrar y no saldrá hasta el próximo año. Pidámosle que nos cuide; agradezcamos todo lo que nos ha dado. Recemos hijo”, le dice mientras junta sus pequeñas palmas para iniciar la oración. Alrededor, decenas de personas tienen los teléfonos celulares encendidos, esperando que la persona del otro lado –desde cualquier lugar del mundo–, se una a esta fiesta de fe y esperanza, y reciba mediante ese medio la bendición del Cristo Moreno, Señor de los Temblores, el Taytacha del Cusco.
El sonido es más intenso, el frío de la noche, la lluvia y la devoción escarapelan la piel de quienes participan de esta fiesta de fe. Mientras, a pocas cuadras, en la plazoleta de San Francisco, humean las ollas gigantes de mazamorra y arroz con leche; las empanadas, los maicillos, los suspiros y las rosquitas se exhiben, deliciosos, en una feria propia del Perú, país de tradición, fe y sabor.


jueves, 21 de febrero de 2013

FEBRERO 2013



CARTA DEL EDITOR
ESTIMADOS LECTORES:
El 13 de enero de este año, el Director Regional de Cultura del Ministerio de Cultura, oficializó la postulación de la festividad de la Virgen de la Candelaria, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad ante la UNESCO; sin duda, este esfuerzo conjunto entre autoridades, intelectuales y profesionales, merece ser tomado en cuenta para resguardar el valor cultural de esta manifestación, que ha trascendido generaciones y es el orgullo de todos los puneños.
¿Qué significa Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad? Según la UNESCO, se define como: “El conjunto de creaciones basadas en la tradición de una comunidad cultural, expresada por un grupo o por individuos, y que reconocidamente responden a las expectativas de una comunidad, en la medida en que reflejan su identidad cultural y social”. La festividad de la Candelaria cumple ampliamente con estos requisitos; pero será responsabilidad de los puneños saber preservar este patrimonio. Como bien lo dijo el arquitecto Gary Mariscal Herrera, Director Regional de Cultura: “[…] esto no significará jugosos ingresos económicos para los puneños; todo lo contrario, es un compromiso que significa hacer mejoras en la organización, no solo de la fiesta sino en la ciudad”. Aspecto con el que coincidimos ampliamente.
Actualmente, la organización de la fiesta carece de muchos aspectos, lo cual no la coloca en el nivel de otras fiestas similares. Primero, desde hace mucho tiempo hay serias dificultades para utilizar el estadio Torres Belón como escenario para la presentación de las danzas. Si bien, en un principio, cada comparsa tenía un número promedio de cien a doscientos integrantes, hoy el número de integrantes por comparsa ha aumentado notablemente; llegando a sobrepasar los mil integrantes y, para esto, el escenario del estadio queda reducido. Segundo; de igual manera, la realización de la parada y veneración aún no tiene trazado un recorrido ideal, que garantice tanto a los danzantes como al público disfrutar plenamente de la fiesta; cada año se improvisa o ensaya un recorrido distinto. Tercero, hay una permanente “bolivianización” de la fiesta, no solo por la importación de vestuario y artículos de procedencia del vecino país; sino que se importan danzas como la de los tinkus, mollos, tobas, suri sikuris y, recientemente, los chutas; que son propias del folclore boliviano, desplazando a danzas peruanas que bien podrían ocupar ese lugar dentro de la fiesta, lo cual le daría una auténtica identidad. En esta discusión, no se consideran las danzas que se comparten en toda la región del Altiplano, tanto peruano, como boliviano y chileno desde hace décadas. Cuarto, por último, siempre se lamenta la falta de recursos; sin embargo, si nos damos cuenta, esta celebración mueve millones contantes y sonantes, los cuales, bien aprovechados y canalizados, podrían significar más ingresos para los propios habitantes de Puno, y se deberían utilizar en la mejora de los servicios, para recibir a la gran cantidad de visitantes nacionales y extranjeros que llegan para la ocasión.
No cabe duda, esta fiesta no solamente mueve la fe y devoción de los puneños, sino también diversos recursos que merecen ser aprovechados –en el buen sentido de la palabra–, con inteligencia y buen liderazgo. Desde esta humilde plataforma apostamos por crear un puente de comunicación, que se hace necesario para transmitir inquietudes promoviendo la cultura; no como un gasto sino como una inversión inteligente, que dará grandes beneficios y oportunidades a la población. ¡Bienvenidos a esta gran celebración y que la Mamita Candelaria derrame sus bendiciones sobre cada uno de nosotros!
AMIEL CAYO




CRONOGRAMA DE ACTIVIDADES DE LA FIESTA DE LA CANDELARIA 2013
13 de enero
Presentación oficial de la festividad Virgen de la Candelaria-2013, en la ciudad de Puno. Conferencia de prensa, teatralización.
20 de enero
9:00 a. m. Izamiento del Pabellón Nacional y desfile por Aniversario de la FRFCP en la Plaza de Armas.
24 de enero
Sesión solemne por los cuarenta y siete años de fundación de la FRFCP.
26 de enero
Elección y coronación de la Reina del Folclore 2013.
01 de febrero
Vísperas en honor a la Santísima Virgen de la Candelaria, en el santuario San Juan Bautista y traslado de la Virgen a la Catedral de Puno.
02 de febrero
11:00 a. m. Solemne misa en honor a la Santísima Virgen María de la Candelaria y procesión por las principales arterias de Puno, acompañado de conjuntos y armado de alfombras.
03 de febrero
7:00 a. m. XLIXConcurso de Danzas Autóctonas (trajes típicos y nativos) en honor a la Santísima Virgen María de la Candelaria. Estadio Torres Belón y parada de conjuntos autóctonos.
09 de febrero
Solemne misa de Octava en honor a la Santísima Virgen María de la Candelaria y procesión por las principales arterias de Puno, acompañado por conjuntos y armado de alfombras.
10 de febrero
7:00 a. m. XLIX Concurso de Danzas Mestizas (trajes de luces), en honor a la Santísima Virgen María de la Candelaria. Estadio Torres Belón.
11 de febrero
Veneración y Parada Folclórica a la Santísima Virgen María de la Candelaria.
12 de febrero
X Concierto de Bandas de Música (coordinación con la FERBAMP).
02 de marzo
Ceremonia de clausura y entrega de premios del XLVIII Concurso de Danzas Virgen María de la Candelaria 2013.




EL MAESTRO EDWIN LOZA HUARACHI
Amiel Cayo



Cierta oportunidad, unos amigos mineros me contaron que mientras realizaban su trabajo, cansados y exhaustos de tanto golpear la roca sin ningún resultado, se sentaron a chacchar su coca; de pronto sintieron que algo o alguien se acercaba a ellos. La silueta tenía forma de un minero, pero la luz de la lámpara de su casco no era común, un destello azul intenso iluminaba y hacía brillar la roca. Ellos, impávidos, con los músculos paralizados y la respiración acelerada, se quedaron mudos. El extraño minero se les acercó y les dijo, señalando la roca opuesta: “No trabajen de este lado; trabajen aquí”; dicho esto, siguió su camino socavón adentro. En efecto, al trabajar del lado que el extraño minero les indicó, encontraron una veta muy rica en plata.Sorprendidos, exclamaron: “¡Es el Ancheanchu, es el Ancheanchu!”.
Para Edwin Loza Huarachi, el Ancheanchu aparece bajo muchas formas. Desde tiempos antiguos, él es el dueño y señor de los minerales que la Pachamama esconde en sus entrañas: “Casi estoy seguro de que el Dios del lanzón de Chavín de Huántar, es el Ancheanchu. Su forma y como está ubicado son características propias de este personaje”, afirma el maestro.
Edwin Loza Huarachi nació y creció inmerso en las fiestas del Altiplano puneño. Fiestas patronales, ceremonias y rituales que le dieron la sabiduría y conocimiento para hablar con autoridad sobre nuestra cultura. Actualmente, es reconocido y respetado entre los maestros realizadores de máscaras, de las que se utilizan en las danzas de la fiesta de la Mamita Candelaria; reconocimiento que le ha merecido el título de “Gran Maestro de la Cultura Peruana”, el cual fue otorgado por el Estado peruano en el año 2010.
Pero el mérito de Edwin Loza radica no solo en su labor de artista plástico, al elaborar las máscaras, sino que, a través de su trabajo, nos permite develar la imagen del Ancheanchu para los ojos y sorpresa de los mortales. “Para mí el diablo es la representación del Ancheanchu; esa deidad que te da para que des, y el día que no das, se esconde la veta. Así como eras el más rico, te conviertes en el más menesteroso de los pobres”, sostiene con sabiduría el maestro.
Trabaja sus máscaras con un don especial y, muchas veces, en comunión con el danzante; pero sin dejarse influenciar por los gustos banales del cliente, ya que en este tiempo es muy fácil dejarse llevar por las imágenes con las que nos bombardea el cine y la televisión; a lo que el maestro plantea que debe haber algún tipo de freno, con respecto a esta nueva manera de imposición cultural; para no tergiversar los símbolos, imágenes y figuras elaboradas por las maestros predecesores, con un conocimiento profundo de nuestra cultura. Por ello, hay una preocupación compartida con el maestro: la evolución de la fiesta ha dado un salto cuantitativo en estas últimas décadas, y esto ha significado la pérdida de muchos símbolos propios de nuestra identidad; como por ejemplo, el carácter ritual de danzar con devoción y honor a las deidades. Actualmente, la danza se ha convertido en una manera de exhibicionismo, donde los bailarines hacen gala de su poder económico, imponiendo sus gustos y maneras, sin respetar ni siquiera su propia identidad. “Hay un exceso de exhibicionismo en la gente; cuando bailas representas a una deidad o su psicología interna; cada máscara representa a esa gama de deidades. Nuestros personajes deben ser reconocibles”, sentencia con justicia el mascarero.


En los diablos de Edwin Loza Huarachi, podemos ver esa mezcla entre lo sacramental y lo pagano, la fantasía y la belleza, el horror y lo maravilloso. Para los cristianos, es la representación de los siete pecados capitales; para los andinos, es el Ancheanchu, el Dios de las minas que sale en la fiesta a rendir pleitesía a la otra deidad, la Pachamama, representada en la imagen de la Mamita Candelaria. “Yo trabajo cada máscara como si fuera un altar barroco”, orgullosamente afirma el maestro, mientras continúa su labor y sus manos diestramente dan forma a los rostros que veremos en esta fiesta, mezclados entre otras miles de máscaras que saldrán a las calles de Puno.



DEVOCIÓN Y ADVOCACIÓN A LA SANTÍSIMA  VIRGEN MARÍA DE LA CANDELARIA

Imagen de la Virgen de la Candelaria, venerada en Puno

 “¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!” (Lucas 1:28). Con estas palabras, se presentó el ángel Gabriel ante María para anunciarle que concebiría en su vientre al Hijo de Dios, aun siendo ella virgen; desde ese momento, se inició la glorificación y devoción por la Virgen María.

María nació en el seno de una humilde pero acomodada familia; sus padres, Joaquín y Ana, fueron descendientes del Rey David. Cuentan las escrituras que ellos no podían tener hijos. Siendo mayores, le suplicaron a Dios por cuarenta días y cuarenta noches tener descendencia. Por su enorme fe, Dios les concedió su deseo y tuvieron una hija a la que le dieron el nombre de María, que en hebreo significa ‘señora esperanza’.
María vivió toda su vida consagrada a la protección de su Hijo. Son innumerables los pasajes en que la Biblia describe que ella está pendiente de las actividades de Jesús; hasta el último momento en que se le ve al pie de la cruz, viendo a su hijo ser torturado y martirizado. Nadie podrá imaginar el dolor que ella debió soportar al presenciar tal sufrimiento. Luego de recibir, junto a los discípulos de Cristo, la llegada del Espíritu Santo, ella vivió unos diez a veinte años más, aproximadamente, y después de su muerte se convirtió en la intercesora ante Dios de todos los seres mortales. Desde entonces, su veneración y devoción se esparció por todo el mundo occidental, teniendo en muchas ocasiones apariciones a las que la Iglesia les llama “advocaciones”; entre ellas, pinturas y tallados de madera, entre otros. Sin embargo, la Iglesia católica reconoce solo tres advocaciones hasta el momento, la de Guadalupe, en México (1531); la Virgen de Lourdes, en Francia (1858); y la de Fátima, en Portugal (1917); sin embargo, no se opone a las otras advocaciones existentes en el mundo.

ORIGEN DE LA ADVOCACIÓN
La Virgen de la Candelaria toma su nombre de la fiesta de la Candelaria o de la Luz, que tuvo su origen en el Oriente con el nombre del “Encuentro”, y después se extendió al Occidente en el siglo VI, hasta celebrarse en Roma con un carácter penitencial. Aunque según otros investigadores, esta fiesta tuvo su origen en la antigua Roma, donde la procesión de las candelas formaba parte de la fiesta de las Lupercales. Esta celebración se unió más tarde a la liturgia de la Presentación de Jesús en el Templo, asociada a los cirios, antorchas y candelas encendidas en las manos de los fieles.
Su fiesta se celebra, según el calendario o santoral católico, el 2 de febrero, en recuerdo al pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén (Lucas 2: 22-39) y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir con la prescripción de la Ley del Antiguo Testamento.
La fiesta es conocida y celebrada con diversos nombres: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la Fiesta de la Luz y la Fiesta de las Candelas; todos estos nombres expresan el significado de la fiesta. Cristo, la Luz del Mundo, presentada por su Madre en el Templo viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva la advocación de la Virgen de la “Candelaria”.
El culto a la Virgen de la Candelaria se ha extendido a través de los siglos por diferentes ciudades y países, sobre todo en Latinoamérica, donde ha adoptado rasgos de las diferentes naciones donde se encuentra alguno de sus templos. Pero su culto, como advocación mariana, tiene su origen en las Islas Canarias (España), desde donde se expandió al continente americano.


PRESENCIA DE LA VIRGEN EN EL ALTIPLANO
Una vez perpetrada la conquista por parte de los españoles, empezó la etapa de la colonia y con ella llegaron los padres dominicos, quienes aparte de propagar la fe cristiana católica, como orden mariana, difundieron también una profunda devoción a la Virgen María en toda esta región. Además de propagar el rezo del Rosario, cabe recordar que los dominicos eran, desde 1530, los custodios de uno de los santuarios marianos más importantes de España, el Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria de las Islas Canarias. Para este propósito, establecieron doctrinas en los diferentes pueblos del Altiplano, como Pomata, Chucuito, Acora, Zepita, Yunguyo, Ilave y, la más importante, en Juli (considerada hasta hoy como la Roma de América); por el lado boliviano, en Copacabana y Oruro, entre las más importantes. Es probable que la imagen de la Virgen de la Candelaria que hoy ostenta Puno fuera traída desde España en 1580, por el licenciado Silvestre de Valdés, quien participó en la construcción de la Catedral de Puno y fue sobrino del presbítero Felipe de Valdés, de quien habría heredado tal imagen. Su fabricación posiblemente sea de Sevilla o Cádiz, y llegó a Puno vía Buenos Aires (Argentina).
El Dr. Samuel Frisancho, en el diario Los Andes, del 10 de febrero de 1997, señala que el dato más antiguo que ha podido encontrar es un documento de 1700, en que el presbítero Felipe de Valdés dio en arrendamiento una casa al Marquez de Villa Rica de Salcedo, y que en sus interiores se encontraban dos tabernáculos dorados con sus imágenes en bulto, en uno un crucifijo y en el otro una Señora de la Candelaria; concluyendo Frisancho, que la imagen de la Virgen de la Candelaria que se festeja en Puno, es de talla pequeña, como efectivamente es, y que no parece haber sido elaborada para un altar mayor.
Otros datos históricos sostienen que el presbítero Francisco Valdivia Raigada fue el encargado de evangelizar la región del Altiplano puneño, e hizo levantar la primera capilla dedicada al culto de la imagen mariana, hoy convertida en el Santuario de la Virgen de la Candelaria. El historiador, R. P. Vargas Ugarte, afirma al respecto: “Desde el 2 de febrero de 1583, en que se sentó sus reales en el pueblo, la Virgen de la Candelaria comenzó la conversión definitiva de todo el Collao y la fama de sus milagros hizo que la influencia se extendiera a las comarcas más distantes”.

FUENTES CONSULTADAS:
• La Biblia. Editorial Verbo Andino, 1995.
• Diario Los Andes. Edición del 6 de febrero del 2011.
• Revista Mamita Candelaria. Editada por José Morales Serruto.
• www.punofolclore.com
• Advocaciones-marianas.blogspot.com
• www.punomagico.com
• Wikipedia





 ORÍGENES Y CELEBRACIÓN DE LA FIESTA DE LA CANDELARIA


óleo: Lucas Pinazo


 En el mes de febrero, en toda la región del Altiplano, debido a las lluvias que son como una bendición, los campos se tiñen de verde y las plantas florecen, creando un espectro maravilloso de colores. En este tiempo, los pobladores aprovechan para recoger los primeros frutos de la tierra y con ellos agradecer a la Pachamama tal abundancia. La etapa también es propicia para empezar nuevas relaciones; los jóvenes visten sus mejores galas y salen en busca de pareja, en medio de bailes, cantos y juegos; de igual manera, los animales son emparejados en rituales de productividad, con la finalidad de asegurar el alimento y la producción para todo el año. Esto ocurre desde tiempos prehispánicos; nuestras culturas ancestrales realizaban estos rituales con la finalidad de agradecer a la Pachamama, a esto le llamaban la fiesta de “La Anata”, en aimara, y “La Kashua”, en quechua.
Una vez asentados los españoles en estas tierras se produce el sincretismo cultural, la yuxtaposición de una cultura sobre la otra. Sobre los santuarios incaicos se levantaron templos católicos; de igual modo ocurrió con las fiestas y costumbres occidentales sobre las andinas y, de este modo, la Pachamama toma la forma de la la imagen de la Virgen de la Candelaria, lo cual se comprueba en la figura de la efigie que se asemeja a una montaña coronada por el aura que más parece ser Inti, el sol resplandeciente.
No existen datos exactos sobre la fecha en que empezó la veneración a la Virgen de la Candelaria; sin embargo, el conjunto más antiguo existente, que venera a la santa imagen, son los sikuris del barrio Mañazo, institución que tiene ciento veinte años de existencia ininterrumpida. Ellos, cada año, acompañan la venerada imagen de María de la Candelaria por las calles en procesión. Pero ellos tan solo son el corolario de una larga tradición, venida desde tiempos atrás, en el que a son y ritmo de los sikuris se veneraba a la Virgen, acompañados de danzantes enmascarados que representaban a diablos, chinas y otros seres de la fauna local.
LOS CONCURSOS DE DANZAS
La organización de los concursos de danzas se la debemos al Instituto Americano de Arte de Puno que, en 1956, organizó el primer concurso de danzas folclóricas, a razón de que en ese entonces la fiesta decaía, debido a la resistencia de la autoridad municipal a otorgar los permisos para que las comparsas ingresen a la ciudad a mostrar su arte; en ese sentido, la directiva del instituto, encabezada por su presidente, Enrique Cuentas Ormachea, en compañía del señor Manuel Cossío, hicieron los trámites respectivos ante la autoridad y el 2 de febrero de ese año, finalmente, las comparsas ingresaron con libertad a la ciudad a participar del concurso y la veneración de la Virgen de la Candelaria, aunque con cierta desconfianza por parte de los jilacatas, guías o mandones, quienes aducían que ellos bailaban para la Virgen y no para la gente; finalmente, de mutuo acuerdo, aceptaron la propuesta. La organización del concurso estuvo a cargo del Instituto Americano de Arte hasta el año 1964; en 1965, esta entidad declinó en continuar con la organización; a partir de ese momento, los conjuntos acordaron organizar e instaurar la Federación Folclórica Departamental. El concurso se trasladaría de la Plaza de Armas de Puno al Estadio Municipal, cobrando por la entrada, cuya recaudación se repartiría entre los conjuntos participantes.
DESARROLLO DE LA FIESTA
Los preparativos de la fiesta empiezan desde los primeros días del año, con la celebración de misas por parte de cada comparsa, iniciando sus ensayos y preparativos con miras a participar en el concurso y veneración; pero el desarrollo de la fiesta empieza, oficialmente, el 1 de febrero, y culmina a los quince días, aproximadamente; según convenga los días para la organización del concurso. A continuación, un resumen de las principales actividades:
ALBAS
Se realiza el 1 de febrero, a tempranas horas de la madrugada, a cargo de las diferentes comparsas de sikuris que se apostan en los cerros para recibir el nuevo día. Es tradicional el recibimiento del conjunto de sikuris de Mañazo, en el conocido cerrito de Huajsapata.
ENTRADA DE QHAPOS
A cargo de las comunidades campesinas aledañas a Puno, quienes ingresan a la plaza del parque El Pino por el Arco Deustua, con llamas y acémilas cargadas de leña para quemar en el atrio de la iglesia San Juan.
VÍSPERAS
Tradicionalmente, en esta etapa de la fiesta, es acompañado como antaño solo por comparsas o conjuntos de sikuris; en la víspera se reúnen todos los conjuntos en el parque El Pino, para realizar un contrapunto, haciendo gala de su destreza en la ejecución de la zampoña o siku.
PROCESIÓN DE LAS ANDAS DE LA VIRGEN
El 2 de febrero es el día principal de la Virgen, pero paradójicamente no es el más importante; sin embargo, la imagen sale de su santuario para recorrer las calles de Puno, acompañada por los feligreses, devotos y alferados encargados de la organización; acompañados por los conjuntos de sikuris, en especial el del barrio Mañazo.
CONCURSO DE DANZAS AUTÓCTONAS
No estamos de acuerdo con la denominación, pero es así como se conoce a este concurso, organizado por la Federación Regional de Folklore y Cultura de Puno (FRFCP). El día es variable, pero siempre se le hace coincidir con el primer domingo de febrero. Debemos resaltar que este concurso es notable importancia, pero no se le da la adecuada difusión como sí ocurre con la Fiesta de la Octava; pero la magnitud e importancia de las numerosas comparsas que participan en este evento, hacen de este un espectáculo único en el mundo y es la verdadera expresión de la cultura del Altiplano peruano, tanto a nivel de danzas, música y ritualidad, que se merece desde hace tiempo una verdadera difusión.
LA OCTAVA
Como su nombre lo indica, es la celebración a los ocho días posteriores al central. La contundencia de las danzas y los lujosos trajes empleados, han hecho cobrar importancia a esta celebración, y es la que más ha tenido difusión. Esta celebración, de igual modo, tiene su dinámica y es parte de toda la celebración de la fiesta.
ALBAS DE LA OCTAVA
El encargado de organizarla es el alferado, quien celebra una misa en la iglesia San Juan y es secundado por bandas de músicos, quienes reciben los rayos del sol con bombardas que retumban en el ambiente despertando a los vecinos de la ciudad.
VÍSPERAS DE LA OCTAVA
En esta oportunidad, participan de la celebración íntegramente los conjuntos de trajes de luces de todos los barrios de la ciudad, quienes se concentran en la Plaza de Armas y el parque El Pino, acompañados por sus bandas de músicos, llegados para la ocasión desde distintos lugares de la región; inclusive algunos conjuntos hacen alarde de traer a una banda desde la hermana república de Bolivia.
CONCURSO DE TRAJES DE LUCES
Hoy es la más importante actividad de la celebración de la fiesta. Se lleva a cabo el domingo siguiente después del concurso de trajes autóctonos y se realiza en el Estadio Enrique Torres Belón. Cada conjunto tiene entre ocho a diez minutos para representar un despliegue coreográfico, que es calificado por un jurado; la competencia dura casi todo el día.
PARADA Y VENERACIÓN
Se realiza el lunes después del concurso en el estadio, por las principales calles de la ciudad. Aún no se tiene un recorrido establecido, ya que ha cambiado cada año, debido al auge de las comparsas; el año pasado duró veinticuatro horas, perjudicando enormemente tanto a los danzarines como al público.
LOS KACHARPARIS
Luego de su participación, cada comparsa se despide de la fiesta con los llamados “kacharparis”, vocablo quechua que significa ‘soltarse’; es el fin de fiesta, donde los danzarines literalmente “se sueltan” y bailan hasta el éxtasis, prometiendo volver el próximo año a bailar por la Mamita Candelaria. Los últimos en realizar su kacharpari son los conjuntos de sikuris; esto acontece el sábado, luego de una intensa semana de actividades.
FUENTES CONSULTADAS:
• Revista Mamita Candelaria. Editado por José Morales Serruto.
• Diario Los Andes. Edición del 6 de febrero del 2011.
• Wikipedia




ORIGEN DE LA DANZA DE LA DIABLADA
José Morales Serruto



Uno de los temas que se ha discutido durante los últimos años, es acerca de los orígenes de esta popular danza por apasionados bolivianos que afirman, correspondería a su país, lo que ha motivado a muchos estudiosos peruanos ir en búsqueda de los inicios, sopesando los legados históricos religiosos de la región, y analizando los mitos y leyendas que superviven en nuestros tiempos. Es cierto que muchos lo han estudiado, pero nunca se han puesto de acuerdo sobre sus inicios. Unos estudiosos la consideran enteramente indígena, otros que es una imposición hispánica, un grupo afirma que se origina en las minas de Laykakota en Puno o en las misiones catequizadoras de Juli (Perú), mientras otros admiten que viene de Oruro (Bolivia).
A nuestro juicio, la discusión es estéril. Pero intentamos ir en busca de alguna luz que nos explique la presencia de esta expresión popular, que fascina y atrae a propios y causa admiración a extraños.
A la luz de lo encontrado y analizado, podemos afirmar categórica y seriamente que el origen de la diablada altiplánica tuvo sus inicios en la Misión Jesuita de Juli, a orillas del Titicaca, en el departamento de Puno, en el siglo XVI, desde donde se irradió a diferentes zonas del Altiplano del Collao; siendo conservada en sus rasgos primigenios en la ciudad de Puno, con la presencia de sikus morenos en honor a la Mamita Candelaria.
Se tiene memoria histórica de que, en 1892, asumen su conservación en devoción a la Virgen de la Candelaria los sikus del barrio Mañazo, considerado el conjunto de folclore más antiguo de Puno, pero no el primero. Es un conjunto de folclore sobreviviente de una época y nace en un barrio que se ubica al noreste de la actual ciudad, con coreografías modificadas a lo largo del proceso de transculturización, hasta adoptar su forma actual. Los sikuris del barrio Mañazo son representativos y emblemáticos de un estilo de baile que singulariza la expresión sikuriana.
Apelando a la verdad histórica, que es verificable, extraemos un párrafo escrito por el profesor boliviano Lauro Rodríguez Terceros, director del reconocido ballet Chela Urquidi, que de una forma totalmente seria, coherente, científica y pedagógica explica en una interesante nota, colgada en el ciberespacio, titulada “Usurpación del folclore boliviano: ¿Usurpación del folclore o penetración?”, fechada el viernes 16 de marzo del 2007, en la que sostiene categóricamente, sin apasionamientos ni chauvinismos, lo siguiente:
“[…] La ciudad de Puno y toda esta región colla pertenecía al obispado de La Paz. Sociológicamente, la ciudad de Puno es uno de los crisoles más grandes de América de las culturas prehispánicas quechuas, aimaras, urus, lupakas, chirihanos, etc. Solo en el caso de los lupaka, que habitaron en lo que hoy es la ciudad de Juli (capital de Chucuito), a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar”.
Los jesuitas se asentaron con la Santa Inquisición para adoctrinar a los lupakas, a quienes consideraban ocultaban la ubicación de las minas de oro y plata. Allí estuvieron los jesuitas difundiendo la cultura y la religión durante más de dos siglos. Se les recuerda por el primer diccionario de aimara-castellano del padre Ludovico Bertonio, que se editó en Juli en 1602. La ciudad de Juli es famosa por sus templos, la llaman también la Roma Aimara; es precisamente en esta ciudad donde la Iglesia concreta y hace la representación de los siete pecados capitales para cristianizar a los lupakas.
Es uno de los centros culturales donde se difunde más la imagen del diablo, y no podemos cometer la ingenuidad o torpeza de decir que la diablada es de Oruro, porque en esta zona no tiene más origen después de la guerra del Chaco (guerra que se desarrolló entre 1932 y 1935, y enfrentó a Bolivia con Paraguay).
Confirmando ello, Enrique Cuentas Ormachea toma como fuente informativa los estudios del gran puneño y puneñista Ricardo Arbulú Vargas: “[…] Los primeros antecedentes de la danza de los diablos se remontan al siglo XVI, durante la catequización de los jesuitas en Juli (Chucuito-Juli)”.
Es interesante anotar que, según fuentes históricas, el primer misionero que inició esta etapa de catequización o cristianización fue el fraile dominico Tomás de San Martín, en el año de 1534, y posteriormente los misioneros jesuitas a partir del año de 1577, confirmando categóricamente que muchos años después las misiones de los jesuitas llegaron a Argentina, Bolivia y otros lugares de América del Sur.
Otro dato que confirma nuestro motivo de esclarecimiento y que toma Enrique Cuentas Ormacheadel padre Diego Gonzales Holguín, autor de la Lengua y vocabulario general del Perú, es el que dice: “[…] dando cuenta a su provincial de la labor que desarrollaban los misioneros en Juli, hizo referencia de cómo, explotando la inclinación de los nativos hacia el canto y la danza, los misioneros habían enseñado una en que se representaba los siete pecados capitales y el triunfo de los ángeles sobre los demonios […]”.
En consecuencia, es fácil deducir que esta danza se propagó desde Juli por todo el Altiplano, reconociendo que en la ciudad de Oruro ganó y alcanzó un expectante prestigio y mixtificación, y su influencia igual se extendió por toda América, para ser reconocida hoy como la “diablada”.


Otro dato importante, que creemos de interés resaltar, es que en la Misión Jesuita de Juli, por los años 1567, al margen de enseñarles la doctrina cristiana y a leer y escribir, se enseñaba arte en una escuela especial en la que se educaba en pintura, canto y música. Se empleaba, como respuesta de los valores del Renacimiento, todo tipo de instrumentos donde no faltan los de viento, como cornetas, cornos, entre otros; para lo que contrataron maestros entendidos en ellos. Estos datos históricos, nos permiten deducir que las primeras bandas de músicos
con instrumentos europeos o de bronce ejecutados por los catequizados, también tendrían sus raíces en esta Misión y de allí se habría extendido a todo el Altiplano.
Estas memorias históricas, afirman que el encargado de enseñar a pintar y labrar retablos con temas católicos fue el religioso de origen italiano Bernardo Bitti, a finales del siglo XV, cuyas verdaderas obras de arte religioso aún podemos admirar hoy en las iglesias San Juan de Letrán y Nuestra Señora de la Asunción de Juli.



LOS DIABLOS QUE VIVEN EL NORTE
Walther Maradiegue

Recorrer la distancia que separa Mochumí y Túcume puede tomarnos como máximo diez minutos en auto cualquier día del año, y seguramente el paisaje de bosques de algarrobo, huacas milenarias y poblaciones rurales quedará sellado en nuestra memoria. Pero hay un día en que este recorrido puede tomar muchas horas, y si usted intenta hacer este camino se topará con una caravana de gente, músicos, y un incansable grupo de diablicos que intentan vencer a la Virgen de la Inmaculada Concepción, quien está ferozmente custodiada por el Arcángel Miguel que los repele a cada momento.
Entonces estaremos ante la “Procesión” que todos los años se realiza desde Mochumí hasta Túcume, con motivo de la Festividad de la Virgen Inmaculada Concepción. Además de la imagen de la Virgen, que se encuentra en la iglesia de Túcume, existe otra más pequeña conocida como la “Andariega”, que recorre durante todo el año diversos poblados menores de Túcume, Ferreñafe y Mochumí. Pero en febrero, la Virgen llega finalmente a Mochumí, y desde ahí emprenderá el camino flanqueado de cientos de pobladores, músicos y comparsas de “margaritos” y “diablicos”.
La presencia de los Diáblicos de Túcume y Mochumí ha sido documentada hace muchísimos años; desde los dibujos de Martínez Compañón, en el siglo XVIII, y las fotografías de Bruning, en 1904; hasta la documentación colonial que nos informa que la devoción tucumana hacia la Virgen María data del siglo XVI, con la llegada de las primeras imágenes desde España. Las escenificaciones tuvieron su origen a mediados del siglo XVIII y tuvieron una continuidad irregular, aunque a partir de 1819 se ha desarrollado sin interrupciones.
Del mismo modo, el material con el que se fabricaban los vestuarios y máscaras de los diablicos ha sufrido variaciones, propias de la coyuntura económica e industrial de la región; pero se ha mantenido relativamente invariable en lo que respecta a colores, texturas e iconografía de las máscaras. También en la estructura, jerarquía y morfología de la danza, el grupo de diablicos galanes es comandado por un diablico mayor que viste con ropas del mismo color pero más elegantes. Al costado de la Virgen, la acompaña un niño con vestido blanco, alas y espada que representa al Arcángel San Miguel.
Al llegar la procesión a Túcume, se procede a escenificar en el exterior de la iglesia la “danza de los diablicos”, danza dramática con una estructura sencilla: el bien (la Virgen a través del ángel) que vence al mal (los diablicos). Sin embargo, esta estructura dramática posee una flexibilidad que permite al pueblo expresarse (a través del discurso, la sátira y la queja) sobre la realidad política, económica y social de la región. Al finalizar, el bien que vence al mal, renueva la promesa y esperanza en un nuevo orden social, más justo y organizado.
Como nacido en Lambayeque que soy, he podido apreciar muchas veces esta festividad; sin embargo, el año pasado, pude visitarla nuevamente y reflexionar sobre la riqueza mágico-religiosa que tienen Túcume, Mochumí y muchos distritos de esta región; la misma que ha sido durante siglos el campo fértil para que aparezcan expresiones de devoción popular muy particulares, como las que pueden existir también ahora en cada lugar de los Andes. Esta riqueza ha permitido construir sentidos de la religiosidad, que permiten a sus habitantes, al mismo tiempo, venerar y celebrar a la Virgen de la Inmaculada Concepción, bailar dentro de una comparsa de diablos, acudir al mejor curandero de la zona para solucionar los problemas de salud, amor, negocios o curarse contra la envidia; y acudir a la misa dominical sin que parezcan actividades contradictorias. Así, pues, si consideramos que el hecho religioso (como cualquier otro hecho cultural) es un proceso en constante construcción, adaptación y reinvención, podemos ver entonces cómo los pueblos andinos han sabido apropiarse del catolicismo romano y armonizarlo con nuestras huacas, nuestros ancestros y nuestra cosmopercepción del universo.
Me despido de Túcume prometiendo regresar no una sino muchas veces, para reinventarme también a mí mismo, y esperar que la Virgen me brinde algún día el privilegio de ser un diablico para bailarle, amenazarle y, finalmente, rendirme a sus pies.



AGENDA CULTURAL

EL RETORNO DE MOSHÓ

El reconocido artista plástico puneño, Aurelio Medina Pacheco, Moshó, después de mucho tiempo, ofrece una singular exposición individual denominada “Investigaciones y plástica de Moshó”, la cual será todo un acontecimiento cultural, para el deleite de los seguidores del arte de este gran creador. Su estilo lo ha colocado entre los más grandes pintores contemporáneos del Perú, exhibiendo su obra no solo en el país, sino también en el extranjero. Sus investigaciones sobre la cosmovisión andina y la filosofía universal, lo llevaron a crear un nuevo “ismo” para la pintura, que él denomina “Orsismo”. Sería incansable mencionar los innumerables reconocimientos que este artista ha obtenido; solo nos queda recomendar esta exposición y deleitarnos con la belleza de sus obras.
Lugar: Galería de Arte de la Casa de la Cultura de la Municipalidad Provincial de Puno.
Fecha: del 1 al 15 de febrero de 2013.

PRIMER ENCUENTRO DE ARTISTAS EN LA VILLA SANTA CECILIA LIMOGES, FRANCIA

Los pintores peruanos Franco Domenack, Anilú Arostegui, Elizabeth López Avilés, Nilton Vela Dámaso, Mako Moya, Samuel Coriat e Iván Fernández-Dávila, participarán del encuentro de arte en la Ville Ste Cècile (Limoges, Francia, junto a los artistas de España, Francia y Hungría: Magali Queiroz, Nicolas Mignonneau, Ariane Mariot, Catherine Bouthillon y Mónica Radocz. El motivo de la exposición es generar un espacio de libre expresión para los artistas de todo género y de cualquier parte del mundo, integrar las expresiones sin impedimentos conceptuales ni pretensiones. Debemos resaltar la participación del artista plástico puneño Nilton Vela Dámaso.
Lugar: Escuela de Música Ville Santa Cècile, Limoges-Francia.
Fecha: 17 de enero al 17 de marzo de 2013.


YUYACHKANI, TEMPORADA DE REPERTORIO 2013

 
El grupo Yuyachkani luego de su exitosa participación en el 7.º Festival Sueño de una Noche de Invierno, en Estonia, repone nuevamente su espectáculo “El último ensayo”. Espectáculo que ya tuvo exitosas participaciones en varios festivales internacionales en Latinoamérica. Es una nueva oportunidad para apreciar la estética de Yuyachkani.
Fecha: Del 15 de febrero al 10 de marzo. Viernes, sábado y domingo.
Hora: 8:00 p. m.
Lugar: Casa Yuyachkani, Tacna 363, Magdalena del Mar (Lima).






LIBROS Y PUBLICACIONES


Puerto Azul
Autor: José Paniagua Núñez-Jóspani



Puerto Azul, marca su retorno después de diecisiete años de haber publicado su último libro de poesía. Pero solo es un retorno impreso porque el poeta nunca se fue, siempre ha estado presente, en la lucha y desdicha de la creación y la corrección, desde su puerto azul hasta la culminación de su dulce soledad.
Los poemas de Puerto Azul son inéditos, pero este libro también reúne las versiones definitivas de algunos publicados anteriormente en revistas, periódicos y los que el poeta grabara con su propia voz. Recoge también un cuento que data de 1955, e incluye algunos clásicos poemas jospanianos como “Bohemia” y “El Caminante” (C. Reynoso).
El libro ha sido editado con el apoyo de la Asociación Cultural Brisas del Titicaca y se presentará este 8 de febrero en Puno.



Febrero Lujuria
Autor: Christian Reynoso
Primera edición:
Grupo Editorial Matalamanga, 2007.
Segunda edición: Editorial San Marcos, 2010.

“Ficcionar la Fiesta de la Virgen de la Candelaria, desde una perspectiva diferente a la tradicion, significa aceptar un reto de modernidad que Christian Reynoso lleva a cabo con eficacia y sin abandonar ni traicionar lo esencial que tiene esta celebración como representación de un microcosmos social. “(…) Desacralizando la visión tradicional de la Fiesta de la Candelaria, Christian Reynoso nos ofrece una visión diferente y singular de ella. Nos ha mostrado ‘algo’ que no habíamos visto antes y eso, como decía Balzac, deber ser el objetivo de todo escritor” (Mario Suárez. Revista Sieteculebras).






Por qué se fueron las gaviotas
Antología de cuentos y relatos
Autor: Jorge Flórez-Áybar

Esta es una entrega importante del autor puneño, luego de escribir y publicar sus novelas
Más allá de las nubes y La agonía de kamachik. Jorge Flórez-Áybar representa a la generación de narradores contemporáneos prolíficos que retratan en su integridad al hombre del Altiplano en sus diferentes estratos; sus personajes son el espejo de nuestra sociedad actual.
Los relatos incluidos en este volumen, recogen sus experiencias vividas en diferentes ciudades del sur del país, como Cusco, Arequipa y Puno; por ello, doce corresponden a su tierra natal Puno, once están dedicados al Cusco y uno a Arequipa.
El libro cuenta con ilustraciones de los más destacados artistas plásticos de Puno, entre ellos Moshó, Chillico y Fredy Reyes.



Mario Vargas Llosa para jóvenes
Autor: Luis Rodríguez Pastor

Presenta la trayectoria del Premio Nobel de Literatura 2010 a todos aquellos que buscan iniciarse en la lectura de su obra, en especial a los jóvenes. El libro comienza con una breve biografía y se divide luego en cinco capítulos, que desarrollan sus principales actividades intelectuales: “El periodista”, “El narrador”, “El dramaturgo”, “El lector” y “El político”; también, se hace una reseña de todos los libros de Mario Vargas Llosa. De venta en las principales librerías del país.









NUESTRO SIGUIENTE NÚMERO, MARZO 2013
  • La Semana Santa en el Perú.
  • El pintor Simón Valencia. 
  • Sueño de una noche de invierno en Estonia.
  • Los tesoros escondidos de Juli.


REVISTA YMAGEN, AGRADECE LA PARTICIPACIÓN DE LAS SIGUIENTES EMPRESAS:
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